Las vida de los indígenas en Montreal

Las vida de los indígenas en Montreal

En «Ninan – Tiohtiá:ke, Montreal», Michel Jean narra el arduo camino de una persona sin hogar para reintegrarse en la sociedad y destaca el papel decisivo de quienes depositan en ella una confianza absoluta
Foto Michel Jean
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Michel Jean
Buchcover Tiohtáke english

Michel Jean | Ninan – Tiohtiá:ke, Montreal | House of Anansi | 176 páginas | 24,99 CAD

En todas las grandes ciudades hay personas sin hogar. Las cifras oficiales varían, ya que muchas personas que viven en la calle no aparecen en ninguna estadística. En Múnich hay registradas actualmente unas once mil, mientras que en Montreal, Quebec, según las estimaciones del año 2025, hay unas cinco mil personas viviendo en la calle, situación que afecta especialmente al grupo de los indígenas inuit. Desde hace varios años, Michel Jean, escritor, periodista y presentador de informativos canadiense, se ha propuesto acercar, a través de sus novelas, las historias y experiencias de los pueblos indígenas a un público lector interesado (por ejemplo, en la Literaturhaus de Múnich). En 2020 fue galardonado en 2020 con el Prix littéraire France-Québec por su éxito de ventas Kukum, donde narra la vida de su bisabuela, una mujer blanca que decidió vivir a orillas de un lago en Quebec junto a los innu, que se autodenominan «la Primera Nación de los Pekuakamiulnuatsh».

Su novela Ninan: Tiohtiá:ke, Montreal («Ninan» y «Tiohtiá:ke» son nombres indígenas que designan la zona que hoy ocupa Montreal) está ambientada en la ciudad más grande de la provincia canadiense de Quebec, donde Élie, un innu, debe labrarse una nueva vida en una gran ciudad que le resulta ajena tras pasar diez años en prisión, ya que fue expulsado de su reserva tras el presunto homicidio de su padre. Llega a la ciudad en autobús, sin un céntimo en el bolsillo. ¿Dónde dormirá? ¿Dónde comerá? ¿Cómo conseguirá dinero?

Jean narra esta historia sin florituras, en capítulos muy breves y de fácil lectura, lo que en ocasiones hace que se asemeje más a un reportaje que a una narración. El narrador omnisciente permanece casi siempre cerca de las vivencias de Élie, aunque de vez en cuando se intercalan breves flashbacks sobre su infancia y juventud en su pueblo natal, Nutashkuan. El autor también va desentrañando las historias de otros personajes, de modo que conocemos a los amigos y compañeros de infortunio de Élie, así como las distintas circunstancias de cada uno. Todos han elegido Cabot Square como lugar de encuentro. Entre estos personajes se encuentran las hermanas gemelas mayores Mary y Tracy; Jimmy, un nakota de cabello blanco que reparte comida caliente entre los más necesitados y que ya aparecía como personaje en la novela Maikan (2023); o el taciturno Gerónimo, un cree que pronto se convierte en su mejor amigo. Los breves diálogos ilustran casi teatralmente la comunicación, a menudo escueta, entre los exiliados indígenas.

Élie necesita que le apoyen y animen para conseguir salir de la situación de indigencia en la que vive, y escapar de la dureza y la peligrosidad que conlleva la vida en la calle. Un aspecto fundamental de su recorrido consiste en redescubrir su vínculo con la naturaleza y tratar de superar la violencia que ha experimentado. Aquí, la novela aborda un tema que a los lectores europeos puede parecerles un tópico (¿o quizá algo propio de la ficción?): la idea de que una persona con raíces indígenas, aunque viva en la ciudad, debe recuperar el vínculo con su tierra ancestral —entendida aquí, sobre todo, como la naturaleza y el paisaje de su infancia, así como a la pesca y la caza— para alcanzar la paz interior. En cualquier caso, así es como se narra en este caso, y el autor se pronuncia personalmente sobre este tema en una entrevista: «Soy un innu que vive en la ciudad, pero añora aquello que le han arrebatado. Me hubiera gustado vivir en primera persona nuestras tradiciones culturales y aprender nuestra lengua. Pero eso me fue arrebatado. Para mí, escribir significa volver a acercarme a todo eso».

Sin embargo, son ante todo las experiencias de amistad basada en la confianza y el amor incondicional las que aportan estabilidad a la nueva vida de Élie y finalmente le permiten salir de su precaria situación para convertirse en profesor.

En algunos aspectos, la novela resulta un tanto simplista en la caracterización de los personajes, como si Michel Jean temiera que su propósito didáctico se viera perjudicado si retratara al protagonista y su relación sentimental de forma algo más compleja, mostrando sus debilidades de carácter o enfrentándolo a crisis mayores. Pero, por supuesto, es totalmente comprensible que el autor canadiense, ante toda la cobertura mediática negativa o, en el mejor de los casos, cargada de compasión sobre las personas indígenas sin hogar, haya elegido para su novela un ejemplo positivo (con final feliz incluido) con el fin de mostrar esperanza y luz, e infundir ánimos. 

En cualquier caso, la novela ofrece una mirada profunda y conmovedora de mundos y formas de vida que normalmente reciben poca atención mediática, y nos permite contemplar la vida en la calle desde una perspectiva nueva y empática.


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