Novela policíaca y multiculturalismo

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Novela policíaca y multiculturalismo

A.A. Dhand y Saima Mir escriben novelas policíacas desde Bradford, antigua ciudad textil con una amplia comunidad musulmana británico-asiática. Narran historias de migración y protesta, enfrentándose a los estereotipos racistas y sexistas
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Moritz Föllmer

Moritz Föllmer estudió Historia, Filosofía y Derecho Constitucional en Bonn, Gotinga y París. Tras doctorarse en Berlín, trabajó allí como asistente, más tarde fue becario en Chicago y profesor en Leeds. Desde 2011 es profesor asociado de Historia Contemporánea en Ámsterdam y ha realizado estancias de investigación en Hamburgo en 2021 y 2023.
Sus investigaciones se centran en el nacionalismo, la modernidad urbana y la individualidad en el siglo XX, con especial atención a Alemania. Sus trabajos abordan las élites y el nacionalismo en torno a 1900, la República de Weimar y la historia de la individualidad hasta 1961, y ponen de relieve que incluso el nazismo promovió determinadas formas de individualidad.

«Bradford... es una ciudad muy hermosa y a la vez muy dura», dijo el cantante Justin Sullivan en 1984, «es como si estuviera muerta». La desindustrialización había golpeado a la ciudad natal de su banda de punk, rock New Model Army, antes y con más fuerza que a otras ciudades británicas. Situada entre las colinas y los páramos de West Yorkshire, Bradford se había enriquecido en el siglo XIX gracias a la producción y el comercio textil, y había atraído a comerciantes de la Europa continental, a menudo judíos, junto a irlandeses sin tierra, que construyeron almacenes de arenisca en el barrio que hoy se conoce como Little Germany. En los años sesenta, marcados por el urbanismo moderno, se construyeron edificios de hormigón, arterias viarias y torres de viviendas sociales, mientras que desde el ayuntamiento se asumía un crecimiento económico continuado y una sociedad monocultural.

Sin embargo, ya entonces una nueva ola de inmigración estaba cambiando radicalmente Bradford y supuso una especie de planificación urbana desde abajo en unas circunstancias económicas cada vez más difíciles. Los trabajadores de las fábricas y pronto familias enteras procedentes del subcontinente indio se asentaron principalmente en las casas victorianas adosadas de los alrededores del centro de la ciudad, mientras que los suburbios y localidades aún pertenecientes al distrito metropolitano de Bradford (como Haworth, conocido por las hermanas Brontë) siguieron siendo predominantemente blancos. Aunque entre las familias inmigrantes había hindúes y sijs y se formó una pequeña comunidad afrocaribeña, la mayoría erran musulmanes, procedentes principalmente de Azad Cachemira, en el noreste de Pakistán.

Protestas musulmanas, clase media musulmana

Desde la década de 1980, esto convirtió a la ciudad, ahora post-industrial, en un campo de pruebas para el multiculturalismo británico y, en particular, para su tratamiento del Islam. La quema pública de la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos en 1989 y los disturbios de 1995 y 2001 provocaron titulares negativos tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la literatura de estudios religiosos, sociológicos e historia contemporánea se ha dedicado a analizar los motivos de los musulmanes implicados en estos hechos. Ellos consideraban sus protestas, ya fueran pacíficas o violentas, formaban parte de la continuidad de un activismo local que inicialmente había sido provocado por los ataques racistas y la agitación de la extrema derecha. En este sentido, defendían su identidad religiosa y étnica frente al escritor Rushdie, percibido como blasfemo, y más tarde frente a la policía, a la que consideraban hostil.

Al hacerlo, invocaban la política local, que en los años ochenta se había comprometido con la preservación de las identidades particulares y vinculándose así a una tradición británica de multiculturalismo. El gobierno del Nuevo Laborismo respondió a los disturbios con una mezcla de integracionismo nacional, esfuerzos de regeneración económica y retórica de la diversidad de corte consumista .

La ciudad postindustrial de Bradford ha sido un campo de pruebas para el multiculturalismo británico desde la década de 1980, y en particular de su tratamiento del Islam.

Caminar por la Bradford de hoy, que fue Ciudad de la Cultura del Reino Unido en 2025, exige respeto por el dinamismo de esta sociedad urbana. Algunas fábricas textiles del siglo XIX permanecen vacías, otras se han reconvertido en complejos de apartamentos. El ambiente en la plaza frente al enorme ayuntamiento victoriano es tan relajado como en el nuevo centro comercial The Broadway, en las calles alrededor de la universidad y en la histórica Wool Exchange, donde ahora se pueden hojear libros en la librería y leer en el café.

Sobre todo, a pesar de la pobreza evidente, llama la atención la presencia de una clase media musulmana consolidada en una de las ciudades más propicias para los negocios del país. Además de varias mezquitas y templos, se puede pasear entre tiendas especializadas en «Islamic lifestyle» y disfrutar de un «desi breakfast» en J'Adore, frecuentado incluso entre semana, que se integra con su nombre un tanto pretencioso y su nivel de precios en la cultura de consumo de la clase media inglesa. Aunque los disturbios de 2001 se dirigieron en parte contra un concesionario de BMW en Manningham, al norte del centro de la ciudad, que se percibía como blanco, ahora casi nadie se preocupa por el número de coches alemanes estacionados allí.

A.A. Dhand y Saima Mir

En la tierra de Sherlock Holmes y Miss Marple, esta nueva autoconfianza genera sus propias novelas policíacas. A.A. [Amit] Dhand y Saima Mir se propusieron actuar contra la infrarrepresentación cultural y la estereotipación generalizada de los asiáticos británicos. Se basaron en las observaciones que hicieron en la tienda del barrio de sus padres y como farmacéutico y ex periodista local, respectivamente. Dhand, hijo agnóstico de  padres hindúes, sigue viviendo en su ciudad natal. Parte de edificios, calles e incluso restaurantes reales, de modo que sus libros pueden utilizarse como guía literaria de viajes. Mir, que se dio a conocer a través de un artículo sobre su experiencia como mujer casada y divorciada dos veces hasta convertirse en una "mujer musulmana emancipada", vive desde hace mucho tiempo en Londres. Sus escritos están menos ligados a un lugar concreto, aunque Bradford sigue siendo fácilmente reconocible. Tanto A.A. Dhand como Saima Mir reconocen con orgullo sus orígenes, pero como representantes de la segunda generación de inmigrantes con formación académica, critican la presión ejercida por las familias conservadoras y las comunidades cerradas. Culturalmente, elevan el valor de una ciudad, aún considerada empobrecida y gris, al tiempo que la presentan bajo la luz sombría y la grisalla moral de las novelas policíacas. Cuatro de los seis libros de Dhand giran en torno al inspector Hardeep «Harry» Virdee, quien, siguiendo los cánones del género, no se toma muy en serio las normas del trabajo policial. La protagonista de las dos novelas de Mir hasta la fecha es Jia Khan, cuyo padre dirige un imperio mafioso familiar hasta que ella misma lo asume, situación que, como era de esperar, ha dado lugar a comparaciones con Michael Corleone en El Padrino.

Sijs alienados: el inspector jefe Harry Virdee

¿Qué imagen de la sociedad multicultural dibujan estos dos escritores de novela negra? Harry Virdee es sij, pero se casó con una musulmana, Saima. Su padre lo repudió por ello, aunque más tarde se revela que tras su rígida actitud se esconden recuerdos traumáticos de expulsión y huida durante la partición de la India en 1947. «Quería escribir sobre el encuentro de lo monocultural con lo multicultural», afirma Dhand sobre una motivación importante de sus novelas, que en muchos aspectos habla de un mundo de compartimentación mutua. La multiculturalidad, según Dhand, ocurre en el hogar de Harry y Saima. Él ya no es una persona religiosa, pero mantiene la costumbre de tocar las zapatillas de su madre todos los días, si no sus pies. Ella reza, celebra el final del Ramadán y valora la combinación de símbolos y rituales de ambas religiones. Han llamado a su hijo Aaron y lo crían como un «chico británico» de clase media.

Harry Virdee no dispone de tiempo para un trabajo de investigación diligente porque la frágil convivencia social en Bradford amenaza repetidamente con saltar por los aires. Tras el asesinato de un sospechoso empresario musulmán, políticos de extrema derecha avivan los conflictos étnicos latentes para provocar una nueva versión de los disturbios de 2001. Su sobrina, que aspiraba a emanciparse, es encontrada muerta, por lo que tiene que impedir que su hermano mafioso emprenda una venganza. Un asesino en serie ataca a mujeres sudasiáticas que han tenido relaciones con hombres blancos. Un grupo terrorista retiene en una mezquita a varios fieles, entre ellos Saima Virdee, y amenaza con detonar una bomba. Para enfrentar estos peligros, Harry se mueve entre prostitutas blancas y taxistas musulmanes, monjas católicas y mecánicos sexistas. Reactiva su oxidado punyabí para hablar con familias sudasiáticas, se aventura de vez en cuando en los bloques de viviendas sociales, donde los jóvenes blancos toleran a un sij en el mejor de los casos como tendero, y pacta con el dudoso ministro del Interior Tariq Islam.

Musulmana reformista: Jia Khan

La protagonista de Saima Mir, Jia Khan, trabaja al comienzo de la novela como abogada penalista en Londres: «el doble de buena que los hombres y el cuádruple de buena que los blancos». Con una licenciatura en Oxford, trajes de Savile Row y una dieta vegana, se ha distanciado del mundo de su padre y mentor, un devoto musulmán de Peshawar que se convirtió en el rey de los bajos fondos de Bradford en los años setenta. Pero también ha dejado a su esposo Elyas, periodista, y a su hijo Ahad. Al principio, Jia solo regresa para la boda de su hermana, pero tras el asesinato de su padre asume la presidencia de la Jirga, una asamblea de ancianos con sus propias normas. Ahora debe mantener unido al clan con calidez y frialdad en la misma medida, defendiéndolo primero de los narcotraficantes de Europa del Este y luego de una musulmana conservadora con ambiciones rivales.

Jia se convierte en «el Khan» al gestionar la transición del tradicionalismo de los mayores al sincretismo de la generación más joven. Contrata a británicos asiáticos tecnológicamente capacitados para llevar el imperio de la droga a la era digital y vincularlo con el desarrollo de software y productos financieros para el mercado musulmán global. Al mismo tiempo, forma parte de una compleja familia nuclear de clase media, ya que ella, su marido y su hijo se aproximan de nuevo, aunque nunca logran superar del todo la distancia emocional y la tensión derivadas de su separación. Jia navega entre mundos diferentes: lee literatura feminista y reza a diario, bebe tanto té inglés como chai con cardamomo, visita a familias de Europa del Este que asan salchichas y celebran sus propias tradiciones culinarias. Además, se enfrenta con seguridad a los miembros de la clase alta londinense porque conoce las fortalezas de su propia comunidad, con sus raíces pakistaníes e inglesas del norte y su actitud crítica frente al imperialismo.

Bradford y el multiculturalismo

El conflicto en Bradford en torno a Los versos satánicos surgió, entre otras cosas, de la oposición entre la concepción cosmopolita y posmoderna de la cultura de Salman Rushdie y el multiculturalismo como protección de la propia identidad por parte del Estado, tal y como lo reclamaban los musulmanes locales. Las novelas de A.A. Dhand y Saima Mir ofrecen una perspectiva distinta y más actual. Presentan Bradford como una sociedad urbana tan fracturada como dinámica y como una convivencia de diferentes culturas en la que apenas se puede influir institucionalmente, y que se da principalmente en los barrios periféricos y los suburbios, aunque la tensión latente amenaza con estallar incluso en el centro de la ciudad.

Al mismo tiempo, apuntan a cambios que van desde la preservación de las respectivas tradiciones en un entorno ajeno a la combinación consciente de diferentes influencias e identidades, pasando por transgresiones en la vida cotidiana y a un papel más destacado de las mujeres. Dhand y Mir describen el multiculturalismo así entendido en la literatura, lo encarnan biográficamente y lo defienden públicamente. En este sentido, no escriben «solo» novelas policíacas, sino que se convierten en voces intelectuales de los asiáticos británicos de una ciudad de provincias del norte de Inglaterra supuestamente marginada.

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El ensayo de Moritz Föllmer apareció originalmente en Geschichte der Gegenwart (Historia contemporánea). Queremos expresarle nuestro agradecimiento por habernos permitido volver a publicarlo.