¿Qué nos dice un plato de comida?

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¿Qué nos dice un plato de comida?

Narrativas gastronómicas de la costa afroecuatoriana: alimentación, relaciones sociales y reconfiguración de la República
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María Alejandra Zambrano

La Dra. María Alejandra Zambrano es una investigadora, escritora y «artivista» afincada en Ecuador. Su trabajo se centra en la literatura infantil, la pedagogía descolonial, la mediación literaria y las metodologías artísticas comunitarias. Es fundadora de La Poderosa Media Project y autora del galardonado libro ilustrado Aquiles y la tormenta (2024).

Introducción
¿Qué nos cuenta un plato de comida? ¿Qué recuerdos despiertan los gestos cotidianos de pelar, rallar, amasar, cortar, batir, sazonar o servir?

Gastronarrativas del litoral es el resultado de un proyecto de investigación-creación llevado a cabo entre 2022 y 2025 en la ciudad de Guayaquil, un proyecto que concibe la cocina como un archivo vivo de sabores y saberes heredados de la comunidad afroecuatoriana y, al mismo tiempo, como un espacio donde es posible imaginar y proyectar futuros mejores.

Antes de continuar, quisiera explicar cómo surgió este trabajo. Aunque soy yo quien escribe este ensayo, Gastronarrativas fue concebido conjuntamente con niños, jóvenes y adultos de los barrios de Guayaquil, así como artistas, estudiantes universitarios e investigadores. Para hacer justicia a esta autoría colectiva, a partir de ahora utilizaré la primera persona del plural. El proyecto fue financiado por la Embajada de los Estados Unidos en Ecuador, el Instituto Ecuatoriano para el Fomento de Creatividad y la Innovación (IFCI) y La Poderosa Media Project. Asimismo, fue registrado como proyecto de investigación en una universidad pública local y, en 2023, recibió un nuevo impulso gracias a una estancia de investigación de dos semanas en la Internationale Jugendbibliothek de Múnich.

El proyecto concibe el patrimonio cultural y gastronómico de la costa ecuatoriana como un conjunto de narrativas que revelan la interacción semiótica entre los mundos culinario y literario. Basándonos en el trabajo de Rocío del Águila y Vanesa Miseres, adoptamos su definición de gastronarrativas «como un término que sirve tanto para describir nuestro objeto de estudio (las conexiones entre la comida y la literatura) como nuestra metodología, que consiste en analizar los textos literarios como manifestaciones estéticas y políticas de un signo culinario y lingüístico que, a su vez, funciona como expresión de una determinada época, sociedad o movimiento». Sin embargo, vamos más allá de este enfoque: en el centro de nuestro proyecto se encuentra la creación de un libro-objeto de recetas, la producción de documentales etnográficos y un programa de lectura y mediación arraigado en estas prácticas culinarias. A través de esta iniciativa de carácter comunitario, se hacen visibles las dimensiones culturales, políticas y estéticas que surgen de cocinar y comer juntos, así como leer, escribir y editar colectivamente. En este sentido, la comida se convierte en un lenguaje gastrolingüístico, una forma de crear memoria, ejercer agencia, narrar identidades e imaginar otros futuros.

En este ensayo utilizamos el concepto de «gastronarrativa» para entender la cocina como un archivo vivo de resistencia: lo que entra y sale de nuestra boca —ya sean palabras, canciones o sabores— refleja quiénes somos, qué llevamos dentro y qué decidimos preservar. Porque la comida nunca es solo comida: el acto de comer o cocinar constituye un sistema de comunicación a través del cual interpretamos las estructuras de poder, el racismo, la colonialidad y las paradojas de la modernidad.

En este ensayo utilizamos el concepto de «gastronarrativas» para comprender la cocina como un archivo vivo de la resistencia: aquello que entra en nuestra boca y vuelve a salir de ella —sean palabras, canciones o sabores— refleja quiénes somos, qué llevamos dentro en silencio y qué decidimos preservar. Porque la comida nunca es solo comida: cocinar y comer constituyen un sistema de comunicación a través del cual pueden leerse las estructuras de poder, el racismo, la colonialidad y las paradojas de la modernidad.

La urgencia de la memoria en el litoral ecuatoriano
En Ecuador, donde diversos ecosistemas se entrelazan con los sedimentos de un pasado colonial, la preservación del patrimonio alimentario es un acto radical. Más que una forma de relacionarse con la tierra y con los antepasados, supone el rechazo de lo que Arturo Escobar denomina el relato de un «mundo-de-un-solo-mundo» (One-world World) que, históricamente, ha invisibilizado determinadas vidas.

Para comprender lo que está en juego en este proyecto, debemos fijarnos en los márgenes de la sociedad y, en particular, en las cocinas. En los barrios periféricos de Guayaquil, como Cisne 2, Las Malvinas e Isla Trinitaria, la vida transcurre bajo lo que la filósofa catalana Marina Garcés denomina «condición póstuma»: la imposición de una narrativa de destrucción irreversible, en la que la violencia estructural y el racismo sistémico intentan cerrar toda posibilidad de futuro. En diciembre de 2024, esta condición alcanzó un umbral devastador cuando cuatro niños afroecuatorianos de Las Malvinas —Steven, Ismael, Josué y Nehemías— fueron secuestrados, torturados y asesinados por los militares. Sus muertes ponen de manifiesto hasta qué punto las poblaciones racializadas y empobrecidas, especialmente los niños, son consideradas prescindibles.

Y, sin embargo, las comunidades persisten. Cocinan, se cuidan mutuamente, recuerdan. La violencia y la crisis económica forman parte de esta realidad. Pero también lo son la rápida urbanización y la seducción de los productos alimentarios industrializados, que han llevado a las generaciones más jóvenes a avergonzarse de los alimentos que cultivaban sus familias: una ruptura ontoepistémica. Cuando se devalúa el conocimiento ancestral, la identidad se fractura con él. La pandemia de COVID-19 aceleró aún más esta pérdida al arrebatarnos físicamente a las portadoras de ese conocimiento: las abuelas, las personas mayores.

Es en esta fractura donde interviene Gastronarrativas del litoral: no como un programa extraescolar para niños y jóvenes, ni como un ejercicio de preservación del patrimonio cultural dirigido principalmente a cocineras, sino como un imperativo político. Porque cuando una comunidad se reúne para cocinar y comer, para cantar y bailar, y para escribir y leer juntos, está construyendo activamente un presente habitable, una «vida vivible», una «vida digna» y, contra viento y marea, reivindica su derecho a un futuro.

La bolsa de la República
La historia de las repúblicas latinoamericanas se ha contado, en gran medida, como una historia de lanzas.

Campañas militares, constituciones redactadas por oligarquías, la imposición del Estado liberal sobre la «barbarie». Incluso la retórica de las revoluciones atlánticas —aquellas que nos proporcionaron el vocabulario de la soberanía y el bien común— se basaba en esta forma: una narrativa lineal, que avanza hacia adelante, con un héroe en su centro. Una historia que va de la conquista a la constitución, de la oscuridad a la ilustración, de la colonia a la república. Una historia que, como diría Ursula K. Le Guin,  termina cuando una lanza alcanza su objetivo y algo cae muerto.

En su ensayo The Carrier Bag Theory of Fiction, publicado en 1986, Le Guin propone otra manera de pensar qué significa ser humano. No parte del arma, sino del recipiente. Antes de la lanza, sostiene, existía la bolsa, la hoja, la calabaza, la red, el saco, la olla: el recipiente, el contenedor, el receptáculo. Objetos que permiten recoger, transportar y llevar a casa lo que sustenta la vida. La idea de Le Guin es sencilla: si no tienes dónde guardar la avena, la avena se pierde. Y lo que es válido para la avena lo es también para la memoria y la identidad.

Le Guin denomina al relato dominante «historia del asesino» (Killer Story): el relato tecnoheroico de la civilización como conquista. En su lugar, propone la bolsa de transporte como herramienta y como forma narrativa: no lineal, no heroica, sino capaz de poner en relación, de manera significativa y eficaz, elementos diversos y múltiples. En lugar de una trayectoria unidireccional, propone reunir elementos diversos desde una perspectiva relacional e interdependiente.

Son, sazón y arrullos: cocina afroecuatoriana, el libro-receta-objeto que surgió de Gastronarrativas del litoral, es precisamente eso: una bolsa portadora de todo aquello que la lanza, en su relato de la República, olvidó incluir.

El archivo tradicional del Estado liberal responde a la lógica del documento. Ley, censo, tratado: materiales que privilegian la escritura, la homogeneidad y el aparato burocrático. Como ha demostrado Benedict Anderson, estas tecnologías de la memoria fueron fundamentales para la construcción de la idea de nación. Sin embargo, lo hicieron homogeneizando las diferencias, imponiendo una memoria oficial única e invisibilizando las epistemologías de aquellos a quienes la República ya había considerado prescindibles.

La cocina funciona según una lógica diferente.

En las comunidades de la provincia del Guayas —entre mujeres como Dominga Porozo Mina, Gloria Estupiñán Mina y Leidis Mina Valencia—  se transmiten los saberes. Viven en la memoria corporal de la repetición: el ángulo de la muñeca al rallar, el sonido que hace el aceite cuando alcanza la temperatura adecuada, el aroma que indica cuándo añadir las especias y las hierbas. Esto es lo que entendemos como «archivo vivo». No puede extraerse del cuerpo que lo alberga. No puede fotografiarse, inventariarse ni archivarse. Solo puede preservarse mediante la práctica y sobrevivir a través de su consumo.

Por eso, cuando este conocimiento se rompe —cuando las abuelas fallecen a causa de una pandemia, cuando los jóvenes se dejan seducir por la comodidad industrializada, cuando la violencia racial elimina a los portadores de la memoria antes de tiempo—, la ruptura es ontológica. Lo que se pierde no es una receta. Lo que se pierde es una forma de estar en el mundo.

Es precisamente aquí donde adquiere importancia el concepto de «disoñación» de Arturo Escobar. Este sostiene que, para recomponer el tejido de la vida, las comunidades no solo deben recordar, sino también rediseñar: imaginar y construir futuros habitables a partir de los materiales de su propia existencia. La «disoñación» es, por tanto, un acto de construcción colectiva del mundo orientado hacia el futuro y basado en lo que el territorio alberga.

Son, sazón y arrullos: cocina afroecuatoriana fue concebido precisamente para esto. Se trata de un libro-objeto artesanal, cromático y desplegable, tejido a mano y envuelto en tela. Y esta materialidad no es casual.

La envoltura de tela transforma el libro, que deja de ser un mero soporte impreso de información para aproximarse a lo que Le Guin denomina un «paquete medicinal» (medicine bundle): un objeto cuya propia materialidad indica que aquello que contiene es vulnerable, valioso y requiere cuidados. No se consume rápidamente. Se desenvuelve lentamente, del mismo modo que se destapa una olla o se prepara una mesa para las personas que amamos. La encuadernación artesanal reincorpora el cuerpo a la tecnología del libro: la unión de las páginas se hace eco de la combinación de los ingredientes, del amasado de la masa, de la paciencia que requiere un guiso. La imprenta, motor de la república liberal, se basa en la reproducción mecánica y la invisibilización del trabajo físico. Este libro insiste en lo contrario.

¿Y qué contiene? Las recetas de las mujeres afroecuatorianas de la costa. Fotografías estenopeicas del barrio tomadas por niños. Reflexiones literarias sobre la comida escritas por estudiantes. Ilustraciones de un artista local. Fragmentos de vida, reunidos. No es un monumento. Es una bolsa de la compra: «Un libro contiene palabras. Las palabras contienen cosas. Portan significados. Una novela es un hatillo medicinal, que contiene cosas en una relación particular y poderosa entre sí y con nosotros» (Le Guin).

Le Guin escribe que, cuando metes al héroe en una bolsa, parece un conejo, una patata. La bolsa de la compra no tiene interés en los héroes. Contiene algo más útil: esas pequeñas cosas que constituyen la supervivencia y la cohesión comunitaria.

Al colocar este libro en las estanterías de la biblioteca comunitaria junto al canon literario hegemónico, los niños y jóvenes de Guayaquil hacen algo silenciosamente radical: amplían la República. Insisten en que el archivo vivo de la cocina —con todos sus sabores, su cuidado, su memoria y su dolor— pertenece al mismo ámbito que los documentos del Estado. Que el conocimiento de sus abuelas no es folclore. Es epistemología. Que lo que entra y sale de sus bocas —sabores, palabras, canciones, historias— constituye un lenguaje a través del cual pueden narrar su propia existencia, ejercer su capacidad de acción e imaginar, juntos, otros futuros posibles.

Esta es la bolsa de la República. No la lanza de la conquista, ni el archivo del borrado, sino un recipiente cosido a mano y envuelto en tela que contiene lo que la nación olvidó que necesitaba: las vidas, los sabores y las voces de aquellos a quienes intentó silenciar.

Conclusión: repensar el giro revolucionario
Gastronarrativas del litoral es una celebración de la multiplicidad de saberes y sabores que dan forma a los paisajes culinarios de la costa ecuatoriana. Este proyecto rechaza las narrativas de un «mundo-de-un-solo-mundo» y abraza la «disoñación» como una forma de reconstituir el tejido de la vida: no desde una posición de saber experto, sino desde una curiosidad expansiva que tamiza y saborea las complejidades del patrimonio cultural y la supervivencia encriptadas en cada plato compartido. Cada elemento —ya sea la receta de una abuela, un taller de cine etnográfico para niños o una visita al mercado en busca de ingredientes— forma parte de un giro hacia un mundo que nos invita a detenernos, escuchar y responder.

Tal y como sugiere Roberto Mangabeira Unger, las revoluciones de los siglos pasados aún no han concluido, pero requieren una nueva vida y un nuevo significado. Si queremos insuflar esta nueva vida al giro revolucionario, debemos ampliar nuestra comprensión de los lugares en los que tiene lugar la acción revolucionaria. En nuestro proyecto, esta no se limita a las aulas formales ni a los museos tradicionales. Se produce en una labor cotidiana aparentemente poco heroica pero indispensable para la vida: la práctica preservación y resistencia que se lleva a cabo en las cocinas familiares y comunitarias de Guayaquil.

Son, sazón y arrullos: cocina afroecuatoriana y el proyecto del que nace este libro trazan un modelo para una república repensada: una república construida sobre prácticas corporales y en formas alternativas de representación. El patrimonio gastronómico afroecuatoriano documentado aquí no es un vestigio. Es un argumento vivo de que entre los fundamentos de una sociedad justa debe estar también el compromiso compartido de alimentarnos y cuidarnos mutuamente.

En un mundo globalizado donde la esfera pública está cada vez más fragmentada por la tecnología y asediada por fuerzas contrarrevolucionarias, el simple acto de envolver un libro en tela, o reunirse alrededor de ollas sobre una estufa de leña o un fogón constituye una profunda defensa de la solidaridad humana.

Como nos invita a pensar Donna Haraway en Seguir con el problema, este proyecto nos recuerda que narrar es una forma de cuidado. Que comer nunca es meramente consumir. Es siempre, ya de por sí, una apertura hacia otros encuentros éticos y hacia el mundo que, juntos, seguimos intentando construir.

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Bibliografía
Del Águila, Rocío, y Vanesa Miseres
Toward the Construction of a Latin American Gastronarrative
Estudios sobre la alimentación en la literatura latinoamericana: Perspectivas sobre la gastronarrativa 
University of Arkansas Press, 2021, pp. 3-18

Escobar, Arturo, et al.
Relationality: An Emergent Politics of Life Beyond the Human
Editado por Clive Dilnot, et al. 
Bloomsbury Academic, 2024

Garcés, Marina
Nueva ilustración radical 
Editorial Anagrama, 2017

Le Guin, Ursula K.
The Carrier Bag Theory of Fiction
1986

Pilar, Egüez y Alejandra Zambrano
Jóvenes guardianes de saberes: 
tendiendo puentes intergeneracionales a través de la etnografía y el cine
Revista PCI, vol. 1, n.º 15, 2024, pp. 5-11 
Revista Patrimonio Cultural Inmaterial

Unger, Roberto Mangabeira
The World and Us 
Londres/Nueva York, Verso Books, 2024

Zambrano, María Alejandra, editora
Son, sazón y arrullos: cocina afroecuatoriana 
Guayaquil, UArtes Ediciones, 2024


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