«Hitler era de izquierdas»

«Hitler era de izquierdas»

El historiador Volker Weiß muestra en «Das Deutsche Demokratische Reich» cómo la política de derechas se construye en el presente mediante la reescritura y reinterpretación de la historia
Foto Volker Weiß
Bildunterschrift
Volker Weiß
Buchcover Das Deutsche Demokratische Reich

Volker Weiß | Das Deutsche Demokratische Reich | Klett-Cotta | 288 páginas | 25 EUR

Si no conoces la canción Kleine weiße Friedenstaube (Pequeña paloma blanca de la paz), seguro que no pasaste tu infancia o juventud en la RDA. Cuenta la leyenda que la canción fue escrita y compuesta espontáneamente en 1949 por la maestra de guardería Erika Schirmer después de ver el motivo del cartel de Pablo Picasso para el Congreso Mundial de la Paz de París en un escaparate de la ciudad de Nordhausen, en Turingia. La canción, de melodía sencilla, se coló rápidamente en los cancioneros estatales y fue considerada uno de los éxitos más populares de las guarderías hasta la disolución de la RDA. Esto resultaba tanto más asombroso cuanto que niños y adolescentes ya eran hostigados de manera constante en su vida cotidiana con medidas de adiestramiento militar, al principio disfrazadas lúdicamente como la «Maniobra Copo de Nieve», y más tarde de forma oficial como la asignatura escolar de «Educación Militar».

En su exhaustivo ensayo Das Deutsche Demokratische Reich (El Reich Democrático Alemán), Volker Weiß utiliza ejemplos elocuentes para describir cómo la extrema derecha hace política concreta mediante «sobreescrituras y reinterpretaciones de lo histórico». En el caso del clásico del cancionero infantil de Alemania Oriental, esta reescritura resulta en un primer momento inofensiva. Tras el inicio de la guerra rusa contra Ucrania, la canción apareció en manifestaciones afiliadas a la AfD contra las sanciones de la UE; es decir, en actos en los que todavía hoy se cultiva el relato del Kremlin sobre la «operación militar especial» para protegerse del supuesto fascismo ucraniano. Junto a la protesta, esta canción también abrió un «espacio de memoria cultural» para los participantes procedentes de Alemania del Este, como señaló el sociólogo David Begrich en una entrevista para el semanario alemán DIE ZEIT. La fuerza emocional de esta sencilla canción no parece haber perdido su efecto. Ahora forma parte del repertorio habitual en los mítines electorales de la AfD y en las «manifestaciones pacifistas de frente transversal» (Querfront).

Esta canción es, por supuesto, solo un pequeño elemento en la construcción de una cultura de la memoria de una RDA que nunca existió. El autoproclamado «Estado de la paz» estaba militarizado hasta la médula, y la objeción de conciencia al servicio militar estuvo, por regla general, severamente sancionada hasta la caída del Muro de Berlín. La mayoría de los niños podían cantar de memoria la canción Soldaten sind vorbeimarschiert (Los soldados han desfilado), con música de Hans Naumilkat y letra de Hans-Georg Beyer, incluso antes de empezar la escuela. Culminaba con el estribillo: «Buenos amigos, buenos amigos, buenos amigos en el Ejército Popular: protegen nuestra patria por tierra, por aire y por mar, ¡hurra!».

Los elementos de la historia represiva de la RDA son reinterpretados ahora bajo una luz positiva por los ideólogos de la nueva derecha. El país, que se derrumbó por buenas razones en 1989, se idealiza retrospectivamente como un «Estado prusiano de orden» funcional y declarado patria de las «virtudes alemanas perdidas». Paralelamente, también recupera la oposición al Estado coercitivo para su propia política identitaria. El lema sorprendentemente simple del 89, «Nosotros somos el pueblo», contra el que el partido socialista unificado al final no tenía nada que argumentar, fue tergiversado treinta años después por los opositores a las medidas estatales contra la COVID-19. Con sus «marchas de los lunes», retomaron deliberadamente la idea antaño emancipadora de las «manifestaciones de los lunes» y se escenificaron como víctimas de un Estado supuestamente represivo. En tales condiciones, ya no resulta difícil rehabilitar a la antigua potencia ocupante rusa y movilizar su presunta fuerza imperial contra un Occidente liberal y ablandado. Weiß escribe con cierta resignación respecto a la AfD: «Cuando un partido que se ha consagrado al anticomunismo radical juega con la nostalgia soviética y provoca que un público de Alemania del Este —que por lo demás compara todos los males con la RDA— se emociona hasta las lágrimas, se movilizan factores que escapan a la racionalidad».

La reescritura y reinterpretación de la historia forma parte de las herramientas básicas de todos los demagogos. Alice Weidel recurrió a esta técnica a principios de 2025, cuando afirmó durante una conversación con Elon Musk en su plataforma X (antes Twitter) que Adolf Hitler «en realidad era de izquierdas, un socialista». Una tesis que circula desde hace tiempo por los medios alternativos de la derecha. Como evidencia principal se invoca una supuesta cita del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels: «Según la idea del NSDAP, nosotros somos la izquierda alemana. Nada nos resulta más odioso que el bloque nacional de derechas de la burguesía propietaria». Weiß dedica un largo capítulo de su libro a la investigación de fuentes para demostrar que esta cita, o alguna equivalente de Goebbels nunca existió. Señala que lo más probable es que se remonte a un editorial del periódico nacionalsocialista Niedersächsische Tageszeitung del 6 de septiembre de 1931, probablemente redactada por el entonces editor Joachim Haupt, un antiguo miembro del NSDAP hoy prácticamente olvidado.

El hecho de que esta cita falsa sea tan popular en los medios nacionalistas y de derecha tiene que ver con su concisión. Procede supuestamente del principal ideólogo de los nazis y actualmente ayuda a atribuir de manera simplificada una de las tragedias centrales de la historia alemana al adversario político. Según Weiß, los motivos se podrían describir así: «Si los nazis "en realidad" eran de izquierdas, entonces la derecha política queda completamente rehabilitada. El odiado antifascismo ha cambiado de bando y, por fin, puede ser descartado». 

La derecha tiene actualmente bastante éxito político con el viejo juego de manos de reasignar conceptos establecidos y reinterpretar la historia a su conveniencia. Weiß denomina a esta estrategia «resignificación subversiva». Sobre el origen de su éxito, solo puede ofrecer explicaciones parciales. Al fin y al cabo, la derecha utiliza métodos con los que la izquierda ya ha fracasado: da la espalda a cuestiones sociales y materiales concretas y se enzarza en una batalla verbal que se libra principalmente en torno a conceptos y símbolos.


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