Apocalipsis 2.0

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Apocalipsis 2.0

Catástrofes históricas más allá del presente: peste intermitente, crisis climáticas y transformaciones geopolíticas desde Justiniano I hasta el Califato abasí
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José Miguel Garcia León

José Miguel Garcia León, natural de Bilbao, es doctor en Arte y Humanidades por la Universidad de Murcia. Ha impartido cursos de posgrado en la Universidad Politécnica de Valencia y ha ejercido como profesor asociado en la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Los comienzos de un proyecto literario se advierten como un enamoramiento donde cada nuevo descubrimiento no atiende a los riesgos y dificultades. El oficio de escribir como la lectura van acompañados de una rutina en muchas ocasiones ajeno a las emergencias personales y cánones impuestos.  Hoy el exceso de productividad, la inmediatez de la información y la necesidad de validación externa han eclipsado el trabajo artesano, la reflexión y el criterio propio. De este modo se ha normatizado cierto rechazo social hacia el escritor y por extensión a leer libros, de ahí que los únicos asiduos a las bibliotecas públicas se reducen a personajes sin hogar en búsqueda de un refugio emocional y climático. En este nuevo orden tecnosófico y transhumanista se atisba la cúspide de un progreso lineal al borde del abismo a imagen del mito de Sísifo. Las evidencias de esta cultura terminal muestran como las sociedades modernas sobreviven ajenas a nuestra presencia en el Universo y el carácter cíclico de la naturaleza, exponiendo el devenir a la experiencia traumática de la caída y nuevo comienzo desde el precipicio. Esta advertencia sirve de introducción a una publicación que aborda los colapsos civilizatorios y las respuestas dadas por los sistemas antiguos ante los efectos del desastre  con el objetivo de prevenir tragedias futuras. 

En esta investigación denominada “Observatorio de prodigios, catástrofes y calamidades” me decidí a seleccionar un período de la historia apocalíptico a juzgar por la magnitud de los cambios traumáticos de la civilización entre los siglos VI y VIII. A tal fin nos enfocamos en exponer las mutaciones geopolíticas en Occidente y Oriente desde Justiniano I al Califato abasí en relación con las guerras, las hambrunas, la peste intermitente y la crisis climática persistente. La principal novedad atiende a la periodización histórica en intervalos vinculados con el paso del cometa Halley entre los años 530/1, 607, 684 y 760. Como muestra de ello y para situarnos en un contexto anterior recordamos la trayectoria del Halley el año 374 precedida del gran terremoto y tsunami mediterráneo el año 365 cuya denominación como Día del Horror expresa la completa destrucción de las poblaciones litorales tardorromanas desde el Delta del Nilo hasta el Golfo de Cádiz. El paso de este cometa y las décadas posteriores son testigos de tres inviernos volcánicos y máximos glaciares provocando grandes oleadas migratorias que desbordaron los límites de los Imperios romano y sasánida. Estos fenómenos extremos provocaron la avalancha de las tribus nórdicas traspasando el Rhín colapsando las gobernaciones provinciales romanas de Britania y Galia hasta traspasar los Alpes y Pirineos. A partir de entonces surge una nueva casta guerrera germánica suplantando la función de las legiones como federados obteniendo a cambio concesiones territoriales. La nómina de usurpadores y deserciones fueron descomponiendo el poder romano occidental entregando sus dominios a los reinos franco y visigodo en la Galia, suevos en Hispania  y vándalos en el N de África, exponiendo a Roma al asedio, la hambruna y la peste. Durante este período calamitoso se produce el avance relámpago de las hordas nómadas esteparias – conocidos hunos – desde el N de China colapsando la Ruta de la Seda  hasta el Mar Negro subyugando a su paso a numerosos pueblos. Ante los nuevos invasores los monarcas sasánidas y romanos orientales se vieron sometidos a concesiones de tributos y tierras, e integrados en los ejércitos imperiales. A este nuevo orden se suma el poder adquirido por las jerarquías eclesiales cuyas resoluciones bajo los preceptos niceanos se impusieron sobre el paganismo y las sectas disidentes. A partir de entonces se establece una bipolaridad entre las tradiciones romanas católicas enfrentadas con el arrianismo adoptado por los reinos germánicos, mientras la ortodoxia oriental se debate en eternas controversias cristológicas.  

El paso del cometa Halley en el año 451 coincide con dos sucesos trascendentales como fueron la derrota de los hunos de Atila ante las fuerzas federadas occidentales y la celebración del Concilio de Calcedonia donde la concordia entre el Patriarcado de Constantinopla y el pontífice de Roma desemboca en el prolongado cisma con los monofisistas sirios y coptos. La muerte de Atila tras la invasión frustrada de Italia y las luchas entre sus sucesores permitieron a las tribus vasallas liberarse sobresaliendo los ostrogodos que ocuparon los Balcanes como federados de Bizancio. A estos acontecimientos se suma un prolongado invierno volcánico y colapso climático que predice la caída del último emperador romano occidental y la posterior devastación de Italia por los vándalos dejando el terreno abonado para la ocupación de Italia por el reino ostrogodo. El nuevo orden germánico occidental contempla el resurgimiento de nuevas monarquías bajo el credo arriano quedando Roma como único baluarte defendido por el papado y supeditado al emperador oriental. La conversión de los francos al credo niceano aliándose con los imperiales y su gran expansión desde el Rhín al Atlántico y Galia meridional constituirá la amenaza a los intereses compartidos entre ostrogodos y visigodos arrianos quienes migran a Hispania tras la caída del reino de Tolosa. Mientras los vándalos en el N de África se transforman en los dueños del Mediterráneo occidental bloqueando las rutas de suministros. Bizancio continuó inmersa en intermitentes guerras fronterizas con los sasánidas con epicentro en Armenia, Mesopotamia y Siria. El Imperio sasán se encontraba muy debilitado por la hegemonía de los hunos blancos junto al Imperio ávaro en el N de China apoderándose de la Ruta de la Seda hasta el valle del Ganges. Constantinopla se benefició de la ruta entre el Índico, Mar Rojo y Alejandría cuando el reino etíope de Axum bajo el patriarcado copto se transformó en un imperio tras anexionar Somalia, Nubia hasta el Sur de Arabia.

Estos párrafos nos sirven de introducción para abordar la investigación de los dos siglos posteriores correspondiéndose con las consecuencias de las sucesivas pandemias de peste y crisis climática. En pocas palabras, fueron tiempos acelerados de devastación, gran mortalidad y constantes cambios geopolíticos derivados de las guerras y hambrunas que colapsaron la civilización. El paso del cometa Halley el año 530/1 coincide cronológicamente con la Era de Justiniano I cuya personalidad concentró los poderes administrativos, militares y religiosos más allá del Imperio de Bizancio. De facto el emperador oriental consiguió anexionar el Norte de África, Italia y el Sur de Hispania haciendo desaparecer la hegemonía ostrogoda y la piratería vándala poniendo bajo control imperial el Mediterráneo. En las controversias teológicas Justiniano I se convierte en el árbitro de los 5 Patriarcados sentando las bases de los conflictos tanto con el pontífice de Roma como las jerarquías eclesiales sirias y coptas resueltas con gran represión tras la muerte de la emperatriz Theodora ferviente monofisista. El contrapunto al Imperio de Bizancio se encuentra en el Imperio sasán continuando las guerras fronterizas con los bizantinos y cuyas treguas se relacionan con la atención a otros frentes bélicos y las calamidades. El resurgimiento del Imperio sasánida se relaciona con la caída del Imperio ávaro en el Norte de China y el advenimiento del Jaganato túrquido logrando una alianza para erradicar a los hunos blancos en la Ruta de la Seda. Los remanentes ávaros se dividieron recayendo una gran horda en el Cáucaso donde a petición de Bizancio descendieron a las estepas del Ponto para subyugar a los últimos hunos occidentales cuyo linaje dará origen a los búlgaros. Los ávaros ocuparon los territorios al Norte del Danubio fundando el Khanato y tras someter a numerosos reinos nórdicos y eslavos se transformaron en el mayor azote de los Balcanes y Asia menor durante dos siglos. La llegada de los turcos azules en defensa de los límites bizantinos frente a los ávaros no hizo más que sumar nuevas hordas reclamando grandes tributos y tierras. La gran metrópoli de Constantinopla y sus murallas resistieron las constantes sublevaciones internas, usurpaciones, asedios, hambrunas, terremotos y epidemias. En  Occidente el orden germánico fue descomponiéndose por los efectos de las guerras de banderías, el abandono de ciudades y haciendas, quedando los núcleos urbanos bajo la autoridad de los obispos y las abadías como refugio de confinamiento. El reino franco se fue desmoronando en luchas dinásticas, los visigodos en guerras entre arrianos y niceanos, mientras los lombardos arrianos se hacen con el poder en Italia amenazando a los imperiales del exarcado de Rávena y al pontífice en Roma. En el Norte de África el exarcado de Cártago se enfrenta a continuas sublevaciones tribales acuciados por la desertización, la hambruna y la peste.

El paso del cometa Halley en 607  auguraba en términos escatológicos el comienzo de una Era apocalíptica de revelaciones y tribulaciones en relación al advenimiento de la revolución teológica islámica en un clima de extrema calamidad y mortalidad. Estos acontecimientos se desarrollan en el contexto de la descadencia del Imperio de Bizancio a causa de una prolongada guerra civil que fue aprovechada tanto por las hordas ávaras y eslavas, como los túrquidos y sasánidas para asaltar los feudos imperiales orientales y danubianos. Constantinopla languidecía bajo la tiranía del clan Phocas, los disturbios, la carestía, la peste y el cerco mientras las autoridades imperiales opositoras se refugiaron en el Norte de África. El clan de Heraklios logró recuperar la metrópolis cuando los sasánidas favorecidos por las disidencias anti-helenas sirias, judías y coptas anexionan los feudos imperiales de Siria, Palestina y Egipto como satrápias. La posesión de una gran flota permitió a las tropas sasánidas tomar el control del Mediterráneo oriental hasta el Mar Rojo conquistando Ethiopía, Nubia y Yémen. En este contexto se producen los principales episodios del profeta Mahoma desde la revelación en el Mt Hira – 610 – hasta la instalación en Medina de la Kaaba y comunidad de fieles sahabas correspondiendo con el primer año de la héjira – 622. La gran afluencia de refugiados ethíopes y nubios al Sur de Arabia por la ofensiva sasánida facilitó la organización de un ejército cuyas razzias bloquearon las rutas caravaneras. La abolición de la comunidad de sahabas precipitará el asedio y capitulación de Medina seguida de la restauración islámica en la Mekka. Los sahabas organizaron nuevas tropas denominados cruzados de la fe fracasando en las primeras batallas por la reunificación de Arabia. Por su parte la guerra entre bizantinos y sasánidas entra en una nueva fase devastadora cuando los heraklianos pactaron con los ávaros la cesión de las flotas y disponen de nuevas tropas de mercenarios búlgaros y jázaros. A partir de entonces comienza la reconquista imperial helenística liberando el cerco a Bizancio y en una gran marcha militar a través del Cáucaso llegaron a Mesopotamia poniendo en asedio la capital sasán. Los desórdenes en la corte y jefaturas sasánidas concluyeron en un tratado de devolución de los protectorados orientales cuando los heraklianos reciben las primeras embajadas islámicas y se enfrentan al avance de sus cruzados en la ruta de las caravanas. Tras la muerte del profeta Mahoma comienza el período del Califato Rasidum cuyos primeros califas en Medina aprovecharon la descomposición del imperio sasán y el clima anti-heleno oriental para anexionar militarmente los valles del Jordán,  Eúfrates y Tigris, el Cáucaso, Siria meridional, Palestina, Egipto y Libia. La desaparición del Imperio sasán  dio la oportunidad a los árabes de tomar el control de la Ruta de la Seda favorecidos por la decadencia del jaganato túrquido. El Imperio bizantino con sus dominios muy reducidos trató de atraer a las disidencias con nuevos edictos de convergencia teológica sumando nuevos fracasos, disturbios y usurpaciones. Los califas se beneficiaron de estas sublevaciones para asaltar las islas mediterráneas poniendo cerco a Constantinopla, Cártago y Sicilia. No obstante los conflictos internos en el califato estallaron cuando se declaró la primera Fitna islámica dando la oportunidad a Bizancio para reconquistar y fortificar numerosas posiciones, en concreto el Norte de África. Tras la guerra civil por el califato el credo islámico se dividió en varias corrientes divergentes y se estableció el Califato omeya de Damasco reanudando sus ofensivas en múltiples frentes desde el Norte de África hasta el Cáucaso y Asia Central. Durante estas décadas Occidente permaneció aislado, agonizando entre las ruinas y la despoblación por las constantes guerras de banderías, hambrunas y peste intermitente. Los conflictos internos de Bizancio permitieron a los visigodos anexionar los feudos imperiales de Spania declarando la unidad nacional goda y una guerra civil entre arrianos y niceanos hasta la conversión católica del reino centralizando el poder en Toledo. Estos conflictos se trasladaron a Italia  donde la casta guerrera germánica arriana de los lombardos se impuso sobre el pontífice de Roma y el Exarcado de Rávena. Del mismo modo los reinos francos se unifican y dividen en crueles guerras dinásticas sumado a la disidencia de los ducados. La nueva vertebración social y económica fue sostenida por la acción del clero metropolitano y abades acaparando grandes extensiones comarcales. Al final de este período el Califato omeya extendió sus dominios occidentales desde Egipto hasta Cártago provocando el bloqueo de Bizancio y constantes asedios a Constantinopla. Sin embargo se reabrió la factura islámica enfrentando a los califas de Damasco con numerosas facciones en una segunda Fitna cuya primera fase dejó devastados los territorios de Persia, Mesopotamia, Siria, Levante, Egipto y Arabia.

El paso del cometa Cometa Halley el año 684 coincide con la segunda fase de la Fitna islámica dando la victoria a los omeyas de Damasco procediendo a la unificación, expansión y consolidación del Califato desde Asia Central y el Punjab hasta el Norte de África y Península Ibérica. La política de integración omeya contrasta con el colapso de Bizancio bajo una nueva dinastía de basileus iconoclastas exponiendo a Constantinopla a constantes tumultos, motines y usurpaciones. La controversia de las imágenes condujo a la disidencia de los reductos imperiales aprovechado por los omeyas para reforzar sus nuevas gobernaciones y poner cerco a Constantinopla salvada in extremis por el fuego griego. La definitiva pérdida del Exarcado de Cártago se suma a la reducción de los dominios del Exarcado de Rávena en Italia por acción de los lombardos arrianos dejando al pontífice de Roma aislado cuando se manifiesta el auge de las misiones evangelizadoras en el N de Europa. Los reinos francos contemplan la decadencia de la dinastía merovingia otorgando los poderes a los mayordomos y la nobleza en combates por la reunificación e inmersos en campañas militares de sometimiento a bávaros, sajones, alamanes, frisones y vasco-aquitanos. En el reino visigodo el desorden social, la carestía y la peste dejaron los latifundios abandonados de siervos y esclavos convertidos en fugitivos y bandidos. Las constantes luchas entre facciones nobiliarias godas concluyen con el desembarco islámico desde el Norte de África anexionando la Península Ibérica en el nuevo Emirato del al-Andalus desde la Bética a la Narbonensis, simultáneamente a la conquista omeya del valle del Ganges. A la conclusión de este período, la devastación de los frentes de guerras, catástrofes y calamidades sacudieron los cimientos del Califato omeya y Bizancio. Los numerosos frentes bélicos fracturaron el poder de Damasco  expuesto al rebrote de las disidencias islámicas estallando la tercera Fitna. La secuencia de batallas dieron con la ejecución del califa y sus herederos a excepción del príncipe Abd al-Rahman. A partir de entonces comienza la dinastía abasí en Kufa cuyos primeros logros fueron la expansión de las comunidades islámicas en China. Mientras Bizancio perpetúa su aislamiento derivado de la política iconoclasta y las usurpaciones favoreciendo nuevas ofensivas abasíes sobre Constantinopla y el cerco de los lombardos al Exarcado de Rávena. Los conflictos entre el basileus oriental  y el pontífice de Roma conducen a una nueva alianza entre los francos y el papado conformando los Estados Pontificios a costa de los feudos bizantinos en Italia. En Hispania tras la caída de régimen visigodo las tropas islámicas fracasaron en las campañas en la Galia frente a los francos y vasco-aquitanos.  Los conflictos de yemeníes y bereberes contra árabes, como la llegada de contingentes omeyas desplazados por los abasíes favorecieron la entrada del príncipe omeya Abd al-Rahman fundador del Emirato independiente de Córdoba. Y en el N de África tras décadas de guerras por la liberación bereber se constituyeron emiratos autónomos mientras los magnates abasíes fundan numerosos emporium en el Sáhara conectados con fuentes del oro en Níger.

El paso del Halley en el año 760  no disminuyó el grado de las adversidades climáticas como fueron cuatro décadas iniciales con dos máximos glaciares entre una megatormenta solar y oscurecimiento solar. Un tiempo en que comienza un nuevo orden bajo el Califato abasí de Bagdad cuyos dominios y rutas alcanzan desde Asia central e India hasta la curva del Níger. El Imperio bizantino continuó superviviendo como un reino recluido en los conflictos religiosos de Constantinopla hasta retornar a la ortodoxia. En Occidente surge la dinastía carolingia dando fin a los reinos lombardo y ávaro como la sumisión de las tribus paganas de Europa central. A partir de entonces se inicia el Sacro imperio romano-germánico tras la coronación de Carlomagno en una alianza con la Santa Sede consolidando los Estados pontificios tras la desaparición del exarcado de Rávena. En este período convulso comienza la Era vikinga que en pocas décadas se transforma en el nuevo azote de Europa y el al Andalus. 

El rastro de las catástrofes y calamidades desde Justiniano I aI Califato abasí no deja dudas de su trascendencia en el devenir abrupto de la historia geopolítica oriental y occidental altomedieval.  Esta perspectiva histórica debería hacernos reflexionar sobre el futuro de la civilización ante un hipotético colapso. Hoy los patrones económicos del progreso lineal nos conducen a una nueva confrontación entre Cultura y Naturaleza. Tal como hemos contemplado a lo largo del ensayo, cuando los imperios alcanzan la cúspide se aproxima su propia caída y la desintegración social con gran virulencia. Así mismo vemos como los desastres climáticos y catástrofes aceleran este proceso de ruina entre los jinetes de la guerra, el hambre, las epidemias y la muerte. En nuestro presente  la cuestión principal será si existen los elementos de prevención necesarios para integrarnos en un nuevo ciclo de la humanidad. A este respecto cada cual debe analizar la gravedad de los asuntos a juzgar por los síntomas de inversión de los valores y virtudes, la falta de empatía con el otro y la creatividad en poder de las grandes corporaciones. Las amenazas a nuestra supervivencia son una oportunidad para reinventar la cohesión social armonizando las estructuras del progreso lineal con los patrones de los cíclicos naturales. 

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Este ensayo se basa en mi libro finalizado y en vías de publicación con el título: "Apocalípsis 2.0 Observatorio de prodigios, catástrofes y calamidades: Peste intermitente, crisis climáticas y transformaciones geopolíticas desde Justiniano I hasta el Califato abasí"