Fragmentos de vidrio en la garganta

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Fragmentos de vidrio en la garganta

Un poema de Túnez
Hajer Requiq

Hajer Requiq (1997) es una poeta tunecina que escribe en árabe y en inglés. Recientemente ha sido finalista del concurso de poesía estadounidense Lucky Jefferson (2025), y preseleccionada para el Foster Poetry Prize de Canadá (2025). También fue nominada para el Pushcart Prize (2025) de DMQ Review. Además, obtuvo el segundo puesto internacional en el concurso de escritura de otoño de 2025 de The Capilano Review, y logró un distinguido puesto en el Festival Internacional de Literatura de Cúirt (Irlanda, 2026).

Hay un fragmento de cristal atascado en mi garganta
desde hace treinta años.
Se llama mi padre.

A veces, mientras como, me atraganto
con el borde de su chilaba*,
con un puñado de su barba.
Su estertor se eleva en mí,
seco, reconocible.

Haría falta algo más que palmaditas en la espalda
para expulsar toda una vida de mis entrañas,
rechazarla de golpe,
como un escupitajo retenido demasiado tiempo.

Cuando éramos niños,
sólo lo veíamos a la mesa.
Lo reconocía por el ruido de los platos,
por el tintineo de las cucharas,
y reconocía mi corazón
por la forma en que se rompía
entre sus dientes.

Mi madre me veía untar mi pan con vidrio
sin decir nada.
Pero cada noche la sorprendía,
con la garganta abierta
por el escalpelo del odio,
hurgando en sí misma
en busca de un solo fragmento
de mi padre.

*La chilaba es una prenda tradicional de los países del Magreb que cubre hasta los pies y oculta en gran medida las formas del cuerpo, con mangas largas y capucha.

Vivimos así, las dos,
como dos ventanas contiguas
después de un terremoto:
ninguna ve a la otra
salvo en el instante de resquebrajarse.

Se quedó embarazada de mí
un año después de casarse.
Él la golpeaba, la apartaba con el pie.
Durante meses, decía,
un ruido de rotura
le recorría el vientre.

Ella tragaba mantequilla, aceite de oliva,
embadurnaba su matrimonio agrietado 
con cremas compradas en el mercado.
Pero nada suaviza una casa
hinchada por un dolor familiar.

Incluso cuando él callaba,
reconocía su voz
saliendo de mi cuerpo,
cortante,
cada vez que me caía.

Durante mucho tiempo soñé que cambiaría,
o que Dios nos daría otro padre.
Pero los sueños son sólo ventanas bajas
en una casa demasiado estrecha;
camino por ella encorvándome,
en guardia.

Así crecí,
sin fiarme de los días
que pasaban por mi ventana.
Me decía: ellos también quieren destrozarme.

Al llegar a la pubertad,
ya no me dejaba jugar
con los chicos del barrio
por miedo a la ira de Dios.

Me imaginaba como una pelota
lanzada desde la hierba de la infancia
contra el muro de la feminidad,
estirándome y contrayéndome cada mes,
y dejando luego caer fragmentos
ante el mero desprendimiento del padre.

Cuando mi dolor tomó forma,
mi madre lo cubrió con un largo velo
para ocultar
la redondez de mis trece años.

Él me enseñaba el Corán y los hadices.
Nunca encontré a Dios en su boca.
Pero una vez vi un ángel
que colgaba de sus labios,
masticado, húmedo,
como una miga de pan.

Mi madre se encogía detrás de él en la oración,
como la cola de su manto,
y todos tropezábamos con ella.

Podría haber sido un poco más alta
para que no tropezáramos con ella
cada vez que salíamos de la infancia.

Los hombres del barrio envidiaban la estatura de mi padre.
Nunca he entendido
de qué sirve golpear el cielo con la frente
si nada cae.

Porque éramos pobres,
nunca llenó nuestras palanganas
más que con su propia dignidad.

*La Basmala es una fórmula de invocación árabe que, con la excepción de la sura 9, aparece al comienzo de cada sura del Corán y desempeña un papel importante en el culto y la vida cotidiana de los musulmanes. Su texto es: بسم الله الرحمن الرحيم / bismi ʾllāhi ʾr-raḥmāni ʾr-raḥīmi / «En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso».

Así que nos reuníamos
alrededor de nuestros escombros,
al amanecer, al atardecer,
diciendo: "Bismillah"*.

Y yo, a veces,
tiendo la mano,
estiro mi lengua
hacia él,

y me ilumino
de vacío.

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La adaptación al español se basa en la traducción al francés del árabe realizada por Rita Barotta.