Identidad y puesta en escena
Éditions TextuelColectivo, Salomé Saqué, Nathalie Herschdorfer | GEN Z: Shaping a New Gaze | Éditions Textuel | 256 páginas | 200 fotografías | 45 EUR
La exposición Gen Z: Shaping a New Gaze, que actualmente puede verse en el Fotografie Forum Frankfurt, intenta algo en lo que fracasan muchas grandes exposiciones temáticas: no pretende únicamente ilustrar a una generación, sino visibilizar una actitud ante el mundo. El riesgo de proyectos de este tipo es evidente. La «Generación Z» lleva tiempo convertida en un término de moda, un receptáculo de proyecciones de las generaciones mayores, situada a medio camino entre el activismo, la sobrecarga digital y la autoescenificación narcisista. Precisamente por eso sorprende esta exposición, porque se niega a caer en diagnósticos simplistas.
Sesenta y seis artistas procedentes de distintas partes del mundo presentan fotografías, instalaciones e imágenes híbridas que, más que componer un retrato generacional coherente, producen un eco nervioso y contradictorio del presente. Las comisarias no apuestan por tesis espectaculares, sino por la condensación de experiencias: historias personales, identidades frágiles, representaciones corporales, constelaciones familiares, migración, género y pertenencia se superponen de manera constante. En este contexto, resulta fundamental el concepto de interseccionalidad, es decir, la constatación de que el origen, el género, la clase social o la orientación sexual nunca se dan de forma aislada.
La exposición resulta especialmente convincente allí donde las voces de los países del Sur Global desplazan la mirada occidental sobre el presente y la identidad. La artista marroquí Fatimazohra Serri presenta una de las propuestas más sólidas de la exposición. Sus obras se sitúan entre la documentación y la puesta en escena, y giran en torno a la visibilidad de las mujeres en una sociedad conservadora. Las imágenes aparecen como recuerdos frágiles o secuencias oníricas; los rostros se desvanecen en la sombra y los espacios resultan a la vez familiares e inquietantes. Es precisamente esta ambivalencia la que confiere a sus fotografías un carácter político sin caer nunca en lo ilustrativo.
«Capturo mis emociones a través del objetivo de una cámara y exploro en mi trabajo cuestiones como la condición de mujer, la feminidad y las relaciones entre hombres y mujeres. Intento poner de manifiesto las dificultades y los retos a los que se enfrentan las mujeres en mi sociedad, especialmente en los entornos sociales más tradicionales. Con cada imagen, busco generar un relato que se explique por sí solo».
El artista nigeriano Daniel Obasi, por su parte, trabaja con un lenguaje visual muy estilizado, casi mitológico. Sus fotografías de cuerpos queer en Nigeria rompen deliberadamente con las concepciones coloniales y heteronormativas de la identidad africana. No se trata solo de representación, sino de la creación de nuevos universos visuales. Las figuras de Obasi parecen iconos de un archivo futuro: orgullosas, vulnerables y radicalmente visibles al mismo tiempo.
Igualmente impresionantes son las obras del fotógrafo boliviano River Claure, cuyas imágenes vinculan las tradiciones indígenas con cuestiones relacionadas con la destrucción ecológica y cultural. Sus fotografías muestran paisajes y rituales no como folclore exótico, sino como formas de vida frágiles en el contexto de las transformaciones neoliberales. De este modo, la exposición amplía su enfoque: no trata únicamente las políticas de identidad individuales, sino también las relaciones globales de poder y la desaparición de los espacios culturales.
De la serie «Warawar Wawa (Son of the Stars)», 2019 – 2020
En el contexto de Fráncfort, la exposición adquiere una relevancia adicional. A Fráncfort del Meno le gusta presentarse como una ciudad internacional, diversa y cosmopolita. Sin embargo, la muestra pone de manifiesto que, en el ámbito cultural europeo, las perspectivas globales siguen siendo a menudo filtradas o simplificadas. Gen Z intenta, por el contrario, que esas perspectivas coexistan sin forzarlas a encajar en un único relato, lo cual encaja bien con un lugar como el Fotografie Forum Frankfurt, que lleva años abordando la fotografía contemporánea y cuestiones sociopolíticas.
Desde el momento en que se accede a la exposición resulta evidente que no pretende ofrecer una mirada neutral. Muchas de las obras son íntimas, casi vulnerables. Otras recurren deliberadamente a la puesta en escena, a colores artificiales o a elementos performativos. Uno tiene todo el tiempo la impresión de que estos artistas desconfían de la fotografía documental clásica. La cámara ya no aparece aquí como una herramienta de observación objetiva, sino como un medio de autoafirmación. La imagen se convierte a la vez en escenario, máscara, diario íntimo y declaración política.
También llama la atención la amplitud de registros estéticos presentes en la muestra. Junto al retrato clásico aparecen universos visuales generados artificialmente, autoescenificaciones performativas y composiciones de carácter casi pictórico. Algunas obras evocan la estética de las redes sociales, mientras que otras la cuestionan o subvierten deliberadamente. De este modo se genera una tensión interesante: aunque la exposición trata sobre una generación que ha crecido con las imágenes digitales, no se limita a reproducir su lenguaje visual. Más bien reflexiona críticamente sobre el flujo permanente de imágenes en el que hoy se construye la identidad.
Aun así, persiste una cierta inquietud. Precisamente porque la exposición reúne tantas propuestas, algunas obras corren el riesgo de diluirse en el conjunto. Determinadas salas parecen más un archivo visual de debates contemporáneos que una exposición articulada con precisión. Conceptos como «diversidad», «representación» o «identidad» aparecen con tanta frecuencia que, por momentos, pierden parte de su capacidad de interpelación. En ocasiones se tiene la impresión de que la muestra aspira a dar visibilidad al mayor número posible de voces, y por ello no concede suficiente espacio a algunas de las obras.
Pero quizá esta sobrecarga forme parte del planteamiento curatorial. Gen Z no es una exposición armoniosa. Es ruidosa, fragmentaria y contradictoria y, por tanto, un reflejo preciso del presente. Mientras que las exposiciones generacionales anteriores solían intentar definir un lenguaje estético común, esta muestra parece señalar más bien la imposibilidad de una mirada unificada.
Por eso, su mayor acierto no reside tanto en ofrecer un retrato de una franja de edad como en proponer una reflexión sobre el propio acto de mirar. ¿Quién mira a quién? ¿Quién tiene derecho a ser visible? ¿Y qué imágenes siguen faltando? Los jóvenes artistas no responden a estas preguntas con certezas, sino con imágenes abiertas, exploratorias y tentativas. Es precisamente esa incertidumbre lo que convierte a Gen Z: Shaping a New Gaze en una exposición tan recomendable.
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Artistas presentados:
Chloé Azzopardi (FR, 1994), Hidhir Badaruddin (SG, 1995), Daveed Baptiste (EE. UU., 1997), Sara Benabdallah (MA, 1995), River Claure (BO, 1997), Sara De Brito Faustino (PT/NL, 1999), Florian Gatzweiler (DE, 1998) y Sascha Levin (DE, 2000), Toma Gerzha (RU, 2003), Mahalia Taje Giotto (CH/IT, 1992), Salomé Gomis-Trezise (FR/GB, 1999), Marvel Harris (NL, 1995), Thembinkosi Hlatshwayo (ZA, 1993), Lorane Hochstatter (CH, 2001), Ben Hubert (GB, 2002), Francesca Hummler (EE. UU./DE, 1997), Matej Jurčević (HR, 1995), Lisa Karnadi (ID, 1997), Nur Aishah Kenton (SG/GB, 1998), Ahmed Khirelsid (SD, 2001), Phương Nguyên Lê (VN, 2002), Yunping Li (ES, 1998), Isabella Madrid (CO, 1999), Luna Mahoux (BE, 1996), Gabriela Marciniak (PL, 1996), Cheryl Mukherji (IN, 1995), Daniel Obasi (NG, 1993), Alice Pallot (FR, 1995), Laurence Philomène (CA, 1993), Soyeohang Rai (IN, 2001), Carla Rossi (IT, 1999), Emma Sarpaniemi (FI, 1993), Fatimazohra Serri (MA, 1995), Suwa Shin (KR, 2000), Charlie Tallott (GB, 2000), Varvara Uhlik (UA, 1997), Farren van Wyk (NL/ZA, 1993), Ziyu Wang (CN, 1998), Noyan (CH/TR, 1999), Sophia Wilson (EE. UU., 2000).
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